Los Carreteros

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Hasta la llegada de los camiones a las canteras de Macael el transporte de los bloques de mármol se realizaba en carretas tiradas por bueyes. Se ahí, la importancia de este oficio, muy ligado a la Cantería del Mármol en Macael. Se calcula que en los años 50 había más de 100 pares de bueyes trabajando en la sierra.

Los carreteros empezaban también muy jóvenes, con 14-15 años a aprender el oficio, normalmente transmitido por algún familiar al que acompañaba y ayudaba.

Los bueyes los compraban en la zona de Guadix, de raza castellana.

Las carretas eran tiradas por 2, 4 ó 6 bueyes, según el tamaño del bloque. Lo normal era de 1 m³ (46 pies, casi 3 toneladas). Pero se han bajado bloques de hasta 3 m³ (casi 9 toneladas). Cuando la pendiente era muy pronunciada, se colocaban bueyes también en la parte trasera de la carreta para ayudar a frenarla.

Los carreteros cobraban según los pies del bloque transportado. Era el oficio por el que se ganaba más dinero pero era muy sacrificado. Su jornada empezaba sobre las cuatro de la madrugada, dándole de comer a las bestias. Cuentan los mayores que en caso de faltar comida en casa del carretero, comían antes los animales que los dueños, ya que era su medio de vida. Emprendían la marcha de madrugada para llegar sobre las 6,00 a la cantera y que los bueyes estuvieran frescos a la hora de tirar de los pesados bloques. El camino era duro, calzados con alpargatas de cáñamo o esparto estaban todo el día a la intemperie, sufriendo los rigores del clima. Desgraciadamente era también un oficio muy peligroso, en el que se producían muchos accidentes.

La última carreta de bueyes que bajó fue la de Diego “el platero”, a finales de los años 60, ya que trabajaba en una cantera en “la Hoya” (“Hoya del Currito”, situada en el Arroyo del Marchal, hoy en día no existe), en la que no se podía acceder con camiones.

Diego “el platero”

Otros de los últimos carreteros fueron: Miguel “el Duende”, Ginés Márquez, Gabriel “el Pintao”, Antonio “el Pelegrin”, Juan Antonio “el Platero”, José “el Conejo”, Ginés “el Matranco” o Andrés Segura. Los dueños de las carretas en esa última época eran: Paco “el Reondo”, Paco “el Rastro” y Paco “Eduardico”. Había también un Taller de carretas, situado al final de la Avenida Ronda, propiedad de Salvador (cuñado de Paco “el Reondo”).

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