La industrialización del trabajo ancestral del mármol en la cuenca de Macael entraña un largo camino de altibajos a lo largo de todo el s. XIX. En el cambio de siglo, y gracias a la ruptura del tradicional aislamiento de la comarca con la apertura de la línea férrea de Lorca a Baza, el sector del mármol alcanzaría el punto necesario para su definitiva consolidación. También, será el comienzo del acaparamiento de la industria por grandes marmolistas que se sumarán a la progresiva modernización del sector como vehículo para aumentar sus beneficios.
De entre estos capitalistas, destaca durante las dos primeras décadas del siglo XX el grupo familiar
de los Ortices. Este clan, iniciado por Juan Ortíz Pastor, adquiere gran peso con la compra de propiedades, serrerías, molinos y almazaras hasta convertirse en uno de los mayores propietarios de la localidad. Con la llegada de la nueva centuria tomarán las riendas sus hijos Antonio y Eduardo Ortiz Valdés. Sangre nueva con ideas nuevas y una clara visión de hacia donde orientar el negocio
familiar para convertirlo en un verdadero emporio, con influencia política y social.
Ambos hermanos iniciarán un ambicioso proyecto para monopolizar lo máximo posible el sector del mármol de Macael. Con este objetivo, en 1908 Antonio Ortíz lidera la vanguardia de la industria de la comarca con la construcción de la fábrica de mármol Virgen del Carmen, junto a la estación de Fines-Olula. Rápidamente, esta serrería, la primera de la cuenca completamente mecanizada con un motor de gas pobre, absorbería la mayor parte de la producción y exportación de mármol. Pero sería su hermano Eduardo quien iría aún más lejos con un proyecto mucho más ambicioso.
En 1911 Eduardo Ortíz proyectaría la creación de la primera fábrica de mármol eléctrica llamada San José, un gran salto cualitativo de la industria del mármol en ese momento. En su concepción se muestra el ánimo empresarial de los hermanos. La industria no solo produciría electricidad para la serrería, sino que gracias a una central eléctrica situada en ella, era sería capaz de suministrar fluido eléctrico suficiente para la población de Macael. Con ello, la familia Ortíz ampliaba sus negocios hacia el suministro eléctrico. Además, serviría para poner en marcha el otro gran proyecto de Eduardo, la línea de ferrocarril entre las canteras y la estación de Fines-Olula. Las obras comenzarían ese mismo año junto en la parte baja de la población, junto al Arroyo de Macael.
Debido a la escasez de agua que impedían construir un salto adecuado para su funcionamiento, la central marcharía mediante dos motores de gas pobre de la marca LUTHER. Ambos conectaban a dos dinamos SIEMENS que generaban una corriente continua de 25 kilovatios de potencia. El suministro de alumbrado lo realizaba la Sociedad Ortíz Carrasco, por Eduardo Ortíz y su socio Jesús Carrasco, mediante una red eléctrica distribuida por toda la población que contaba con 60 lámparas. El contrato por el alumbrado público se hacía por quince años prorrogables, a razón de 2.000 ptas anuales.
El servicio entraría en funcionamiento en 1913, convirtiéndose Macael en una de las primeras poblaciones del Valle del Almanzora en contar con fluido eléctrico en sus calles. No obstante, el alumbrado público no sería constante y presentaría numerosos problemas en el suministro. Debido a esto, y a la dificultad de mantener el suministro eléctrico de la propia fábrica, tanto la fábrica como
la central cerrarían en 1915. La situación de crisis que atravesó el sector del mármol durante la segunda mitad de la década de los diez, con el cierre de la práctica totalidad de sus serrerías, despojaban a la población de este adelanto. Se volvía al sistema de petróleo para iluminar las calles.
Habrá que esperar hasta la reactivación de la economía y el repunte de la industria del mármol en los veinte para la reactivación del alumbrado eléctrico. En 1924 el ayuntamiento contrataba con Eduardo Ortíz la reposición del alumbrado eléctrico y su suministro. En esta ocasión el contrato por el servicio aumentaba a cien lámparas por 4.500 ptas anuales renovables cada año. El contratista se comprometía a renovar todo el material que fuese necesario durante el contrato, siendo de su propiedad toda la red. A excepción de las instalaciones eléctricas de las salas capitulares, juzgado municipal y del cuartel de la Guardia Civil, que lo serían del ayuntamiento.
José Javier Carreño Soler
Arqueólogo, doctorando de la tesis «»Huellas de la industrialización del mármol: Macael y su patrimonio industrial arqueológico»
Artículo publicado en el periódico que se editó con motivo de la VI Edición de la Recreación Histórica «Canteros y Caciques en la lucha por el Mármol»
